El Día Internacional del Síndrome de Asperger se conmemora cada 18 de febrero con el objetivo de dar visibilidad, promover la inclusión y fomentar la comprensión sobre esta condición del neurodesarrollo, que forma parte del Trastorno del Espectro Autista (TEA).
La fecha coincide con el nacimiento de Hans Asperger, el pediatra austríaco que describió por primera vez este perfil en 1944. Hoy, más allá de etiquetas médicas, el foco está en la diversidad, el respeto y la inclusión social.

¿Qué es el síndrome de Asperger?
El síndrome de Asperger es una condición del neurodesarrollo que forma parte del Trastorno del Espectro Autista (TEA). Se caracteriza principalmente por diferencias en la comunicación social y patrones de comportamiento o intereses específicos e intensos.
Desde 2013, con la actualización del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), el término “síndrome de Asperger” dejó de utilizarse como diagnóstico independiente y pasó a integrarse dentro del espectro autista.
Sin embargo, muchas personas continúan identificándose con este término.
Es importante subrayar que el síndrome de Asperger no es una enfermedad, sino una condición. No necesita “cura”, sino comprensión y apoyos adecuados cuando sean necesarios.
Algunas características frecuentes pueden incluir:
- Dificultades en la interacción social
- Interpretación literal del lenguaje
- Intereses muy específicos y profundos
- Necesidad de rutinas o estructuras claras
- Sensibilidad sensorial (ruidos, luces, texturas)
Asperger y neurodiversidad
Uno de los enfoques actuales más relevantes es el concepto de neurodiversidad, que entiende las diferencias neurológicas como parte natural de la diversidad humana.
La clave está en generar entornos inclusivos que valoren estas cualidades. El acompañamiento profesional, la comprensión familiar y la adaptación de espacios educativos y laborales son fundamentales para favorecer su bienestar.
Entender que existen múltiples formas de percibir y experimentar el mundo nos ayuda a construir sociedades más empáticas y diversas.
Porque la inclusión no es un gesto simbólico: es un compromiso diario con la igualdad y la dignidad de todas las personas.